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Cosa de locos y marginales: El precio de pensar diferente

Por DM Merlo Dionisio    

CEO de ACP Contenidos 

En el episodio "HOMЯ" de Los Simpson (Temporada 12, Episodio 9), Homero descubre que un crayón alojado en su cerebro desde la infancia ha afectado su inteligencia. Al removerlo, se vuelve más inteligente, pero también más infeliz y aislado.

Cuando analizás lo que que pasa, no en el mundo - eso sería demasiado! -, sino en el pequeño terruño al que rebautizaron "Mi Lugar", y te atrevés a esbozar un comentario, una crítica, un pensamiento, una versión de "la verdad" ("tu verdad"), aunque debidamente fundada, van a  aparecer rápidamente lapidarias calificaciones.

  

Dicho sea de paso, ese "rebranding", sumado a la contratación de expertos (?)  en comunicación política digital, community managers, publicidad en redes sociales y "medios afines",    ha costado millones a la misma administración que se autopercibe "austera". Un tema para ahondar en otra oportunidad.

 

Dirán: "trabaja para la oposición", para no poner un pseudo gentilicio vinculado con el nombre de algún ex gobernante local. 

 

Agregarán adjetivaciones  tales como "desquiciado", "marginal", "operador"...

 

Vendrán afirmaciones mas elaboradas como "¿Qué le habrá pasado en la vida para decir esto o aquello?" y no faltarán comparaciones con algún personaje pintoresco de la ciudad, que, de hecho, hace poco menos de  dos años, en plena campaña electoral, defendiedo "la camiseta" de los "descamisados" agitaba manos  y garganta frente a la ventana del Patrón.

 

Él,  también fue tildado de marginal, opositor, desquiciado...

 

Ahora son otros tiempos y la militancia premia  (y también perdona), a uno o algún familiar, pero eso también sera para otra oportunidad. 

 

Casi poco se sabe de todo lo que pasa o sucede en "Mi Lugar", no sólo en el aspecto político...

 

Salvo por  la meteorología, los accidentes viales que se producen diariamente o la propagación literal de los partes de prensa municipal, casi no hay cobertura informativa y de opinión sobre la realidad local.  

 

Mucho menos hay lugar para editoriales que se atrevan a cuestionar o marcar diferencias con la historia oficial, que se reproduce con  una cuestionable aceptación, carente de reflexiones o análisis. 

 

El desafío, entonces, es entender que los desquisiados,  los marginales, los opositores, los que tienen el valor de gritar lo que piensan, también tienen algo para decir... 

 

Pero ya sabemos cómo termina la historia: el que ve las cosas desde "otra perspectiva" es el que paga el precio. Lo irónico es que, si no pagamos ese precio, nunca llegaremos a saber lo que realmente vale "pensar y opinar" en disidencia.

 

Mejor sería volver a la taberna del amigo Moe y clavarse nuevamente el crayón azul en el cerebro?

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